
Como todas las restauraciones, también esta ha resultado controvertida. Pero en lo que todo el mundo coincide es en la importancia de haber salvado de las ruinas un palacio que fue real y que amenazaba con quedarse simplemente en derruido edificio. El Palacio del Conde Luna, que durante siete siglos de existencia fue morada real pero también salón de baile, banco, café, funeraria y almacén de frutas, ha abierto sus puertas y su destino inmediato es albergar las exposiciones del León Real, la celebración de los 1100 años del Reino de León. Otra parte, el torreón, albergará el centro administrativo de la Universidad de Washington en España, un proyecto que se pondrá en marcha a mediados del mes de enero.
La obra de restauración ha costado cinco millones y medio de euros, cantidad que ha sido pagada exclusivamente por el Gobierno Central, cuatro millones con cargo al Ministerio de Cultura y el resto aportado por el Ministerio de las Administraciones Públicas. Puede decirse que es uno de los proyectos personales impulsados por José Luis Rodríguez Zapatero.
Según la historiadora Margarita Torres, se sabe que en estos solares se alzaba el complejo palatino de los soberanos de estas tierras y el barrio que define este sector de la ciudad se llama de "Palat del Rey" desde la Edad Media. En el año 1388 se inicia la construcción del Palacio tal como han llegado a nosotros sus ruinas. Pedro Suárez de Quiñones y su esposa Juana González de Bazán lo levantan para su residencia. "De este palacio saldría en el año 1434 el caballero Suero de Quiñones para la hazaña del Paso Honroso, y aquí regresó, después de recuperarse de sus heridas en Laguna de Negrillos", ha escrito Margarita Torres. Añade que en tiempo de Enrique IV, en 1462, los señores de Luna recibieron el título de condes. Sus matrimonios sucesivos emparentaron esta estirpe con la de los Almirantes de Castilla, los duques de Valencia de don Juan, los condes de Benavente, los duques de Albuquerque, los marqueses de Astorga, los condestables de Navarra, los duques de Nájera o los marqueses del Valle de Oaxaca, en México.
Uno de los descendientes, Luis de Quiñones, se casó con la hija de Hernán Cortés, y eso le permitió acopiar plata y oro suficiente para acometer una importante reforma que había iniciado su padre, el conde Claudio de Quiñones. Amante de la arquitectura italiana del Renacimiento, la heredera, Catalina de Quiñones y Cortés, rematará la torre renacentista, en cuyas ventanas aparecen los emblemas de la Casa de Quiñones y de los Cortés.
Catalina de Quiñones se había casado con uno de los hijos de los condes-duques de Benavente. La Casa de Benavente, a partir del año 1574 cederá el título de Luna a sus primogénitos y herederos, lo que provoca que sean otras estirpes, como los duques de Osuna o los duques de Frías, quienes, sucesivamente, ostenten la propiedad del palacio. Será en tiempos de uno de los descendientes de la Casa de Frías, el conde Bernardino Fernández de Velasco, cuando se arriende el inmueble para diversos destinos, entre los que figuraba el de salón de baile.
En el año 1880 Pedro Álvarez Carballo, hidalgo enriquecido, compra el palacio a la arruinada casa ducal de Frías. Tras su muerte, la hermana de Álvarez Carballo alquila nuevamente el edificio, que vuelve a sus funciones de salón de baile, al tiempo que otra parte albergará al Banco de España (entre 1890 y el 1903). En el año 1931 el edificio fue declarado Monumento Histórico y en el Año 2001, siendo alcalde de León Mario Amilivia, el municipio decidió alquilar el inmueble, lo que ha permitido ahora su recuperación para el disfrute de todos los leoneses.

El proyecto de restauración ha sido redactado por el arquitecto Mariano Díez Sáez de Miera y el director de obra fue Melquiades Ranilla.
El Palacio se organiza en tres bloques: la fachada monumental y el cuerpo gótico a ella asociado, la torre renacentista junto con el cuerpo que la antecede y el conjunto central enmarcado por ambas.
La restauración ha obligado a prescindir de algunos elementos muy deteriorados. Los forjados de madera, que por su estado y policromía se decidieron conservar, fueron tratados con pinturas y materiales que han permitido su consolidación. La empresa constructora, Acciona, ha querido destacar también las intervenciones exteriores realizadas, que se localizaron "en la fachada renacentista del torreón del siglo XVI y la fachada gótica monumental; se realizaron limpiezas de todos los elementos pétreos de fachada por métodos manuales".
Resulta sorprendente contemplar como el paso de los siglos ha dejado en el edificio su impronta arquitectónica. La muralla romana y medieval da paso a un paño de ladrillo mudéjar y formando parte del conjunto, se percibe igualmente una pared de tapial.
En definitiva, una restauración que no deja indiferente a nadie y que, sobre todo, provoca satisfacción entre las personas que conocieron el "viejo caserón" al que de nuevo se le ha otorgado la condición de Palacio.
J. Sánchez
